Tratar a Haití como una sucesión de estallidos es una forma de no ver el sistema. Hay un mercado, una frontera porosa, una presión demográfica y una red de actores armados que ya no cabe en la categoría de “crisis humanitaria puntual”.
Para República Dominicana, eso se traduce en tres precios: el de la seguridad, el del comercio informal y el de la reputación internacional. Los tres se están pagando a la vez.
La pregunta útil no es si “cerrar” o “abrir”. Es qué Estado se está construyendo en la línea, con qué datos y con qué aliados — Washington incluido — que no aparecen en el comunicado de las 8:00 p.m.




