El IPC mide lo que un hogar promedio compra. El problema es que el hogar promedio de la encuesta renta menos y vive distinto que el hogar promedio de Santo Domingo, Santiago o Punta Cana en 2026. Cuando la ponderación de la vivienda no sigue el mercado, la cifra oficial se queda corta justamente donde más duele.
No se trata de acusar al índice de mentir. Se trata de entender que un dato agregado sirve para comparar periodos, no para explicarle a una familia por qué su recibo subió más que la inflación que anuncia el comunicado.
Publicar el desglose —alquileres, alimentos, transporte— con la misma difusión que el número titular sería el primer paso para que la política monetaria se discuta con el dato completo, no con el promedio.




